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Hipnológica

METÁFORAS (II)
Escrito por Marisa Ladiñán / Magali Vargas   

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Chronos devorando a su Hijo

Marisa Ladiñán

 

En la ciudad había un relojero Que era muy preciso Fabricando la maquinaria

 

Tenía una Lupa

Que había heredado

De sus antepasados

 

Y con ella,

Era capaz de encontrar Los más mínimos errores Del engranaje

 

Se jactaba de fabricar

Los mejores relojes del mundo

Por su precisión

Por su sincronicidad Por su periodicidad Por su uniformidad

 

Pero el relojero

Tenía muy mal carácter

Y siempre estaba atribulado

Buscando el fallo

En sus obras

Y en las de los demás

 

Alguna vez

Hubo aprendices en su taller

Y fueron adiestrados Para detectar el fallo Y la asincronía

Y la multiplexidad

Con su Lupa Infalible

Y lo hacía con dedicación

Plena,

A pesar de sus propios atributos

Falibles

 

Pero los relojes que fabricaban

Eran aburridos

Eran tristes

Les faltaba música y alegría

Ya que sus relojes eran todos

¡¡ Iguales  !!

Como si hubieran sido

Fabricados en serie

 

Algunos intentaron contarle

Que había otra forma de hacer relojes

Pero no escuchó

Y se encolerizaba Al oír que alguien Osaba

Un método distinto

Al que él había aprendido, Después de Tanto Esfuerzo

 

Seguía sempiternamente

Construyendo contra Natura

El diapasón de la Vida Terrestre

 

Y un fortuito día

Y tras uno de sus conocidos

Ataques de ira

¡¡¡ La lupa se rompió !!! Y el relojero se sintió Desesperadamente enfadado

 

¡¡Ya no podía buscar el fallo!! Ya no podía decirles a otros

¡¡Lo que habían hecho mal!!

(No sabía, todavía, decirles a otros

Lo que habían hecho bien…) Y ya no podía

Construir Relojes Precisos…

 

Y entonces,

Las Hadas se apiadaron de él

Ya que siempre le habían acompañado

En su amarga andadura

Aunque nunca

Las había escuchado

Ya que estaba envuelto En su aprendida furia Del perfeccionismo Absolutista

 

Y las Hadas

Le ayudaron a crear un Reloj

¡¡¡¡Bellísimo!!!! Y sin Lupa

Y sin Críticas

Y sin Rabia

Y sin Ira

 

Y el Relojero,

Atónito por su propia creación

Expuso al mundo

Su Nuevo Trabajo

 

Y fue recibido con algarabía Por todos los que ya fabricaban Relojes Hermosos

 

Y fue abrazado por sus Nuevos Hermanos

Felices de rescatar

De la inopia

A semejante aligátor

 

Y todos juntos Construyeron Un enorme Reloj

¡¡¡¡Inmenso!!!!

 

Capaz de articular

En sí mismo

La esencia del Devenir

Y de dar

Las Horas

¡¡Pleno de Júbilo!! Sin fallos

Sin culpables

Sin ira

Y sin rencor

 

 

El Estadio de Fútbol

Magali Vargas

 

Ahora vamos a hacer un recorrido por la ciudad; primero, tenemos que entrar en el metro. Bajamos las escaleras y con el billete en la mano nos disponemos a atravesar los torniquetes. Una vez dentro, nos dirigimos al andén dos, y empezamos a descender los 20 peldaños que aparecen delante de nosotros, y cuando lleguemos al peldaño veinte nos encontraremos en un profundo y agradable estado de relajación; uno, dos, tres... ¡veinte! Ahora ya en el andén subimos al primer tren que aparece y nos empezamos a deslizar en   un viaje rápido y divertido a la vez; a nuestro alrededor se suceden imágenes de colores de anuncios de productos, de personajes anunciados y la velocidad nos hace perder cada vez más los detalles de lo que vemos. Ahora el tren empieza a frenar, las puertas se abren y nos encontramos frente a la estación del estadio de futbol.

 

Ya en el exterior vemos una gran puerta por la que empezamos a entrar, del bolsillo sacas la entrada que una persona que aprecias te regaló; sólo tú sabes quién es esa persona, la cual encuentras detrás de la puerta y será quien te acompañe por este maravilloso momento dentro del estadio. No hay nadie aún en el campo porque es muy pronto, y por un pasaje subterráneo termináis llegando al campo  esplendoroso;  el color verde de la hierba llena tus sentidos de tranquilidad, paz, armonía… y el olor que desprende te llena de frescor y de bienestar.  Damos una vuelta al  campo, y a la cuenta de 10 terminamos esa vuelta y nos situamos en el centro del campo, esa persona especial y tú, uno,  dos,  tres…  ¡diez!   A   vuestro alrededor, muchos balones de fútbol.

 

Os situáis uno al frente del otro, y es en este momento en el que tú empezarás a recordar cada cosa que te agobia… cada problema que no puedes solucionar... cada persona con la que tienes un conflicto... todo cuanto te hace sufrir..., como por encanto irás seleccionando con un nombre, uno por uno, los problemas, e imaginariamente los irás metiendo dentro de cada balón. Tu acompañante, esa persona en la que confías, irá cogiendo cada uno de los balones rellenos y con nombre, y desde su posición te dará un gran pase. Tú saldrás a toda carrera, y lo patearás con todas tus fuerzas, consiguiendo que la pelota se desplace tan lejos como tú desees, a la portería… e inclusive fuera del estadio, a un lugar que ni siquiera consigues ver desde tu posición. ¡Prepárate!, ¡allí va! uno…dos… tres…cuatro… cinco…, continúa así todo el tiempo que necesites...

 

(Dejamos que transcurran unos minutos) Vas terminando con  ellos…  y con un último balón podrás descansar… ¡ahora!

 

Los balones, como los problemas, están lejos de ti y tú disfrutas de esa felicidad y esa paz que es vivir sin ellos.  No los  necesitas cerca de ti todo el tiempo. Sólo cuando debas solucionar algún asunto, recuperarás ese balón el tiempo necesario para trabajar con  él,  y  a continuación, si lo deseas, puedes volver a darle una patada, alejándolo de ti, quizás definitivamente. Recrea este momento en tu mente y vuelve al estadio siempre que lo necesites.

 

Mientras tanto, disfruta de esta paz, ¡siéntela! ¡te pertenece!

 

Tranquilamente, empezamos a contar de diez a uno, y a la  cuenta  de  uno  podrás  abrir los  ojos  y te sentirás muy bien, con una gran tranquilidad. Ese agradable estado de relajación se prolongará en el tiempo, de tal manera que cuanto más tiempo pase, mejorará tu estado de bienestar.

 

 

Copyright

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Metáforas (II) (2011). Hipnológica, 4:24-26

 

Última actualización el Jueves, 01 de Diciembre de 2011 23:13