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Hipnológica

AUTOHIPNOSIS ULTRADIANA: ¿UNA ALTERNATIVA DE TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE COLON IRRITABLE?
Escrito por Isidro Pérez Hidalgo   

 

Isidro Pérez Hidalgo, Psicólogo Clínico, Director CHC PSICÓLOGOS Madrid


 


En el presente artículo, basándome en mi experiencia  clínica,  puedo  afirmar  que  la respuesta a la pregunta incluida en el título de este trabajo es afirmativa. No obstante, no tengo datos para presentar un estudio aleatorizado, con una estadística comparativa. Sirva mi exposición como una propuesta  para  investigaciones  con una metodología más precisa o como una posible línea de trabajo para clínicos.

 

Cuando hablo de autohipnosis ultradiana, me refiero al  modelo de  Ernest  Rossi que  él denomina “Ultradian Healing Response”, o en español  “Respuesta de curación  ultradiana” (Rossi y Cheek, 1988; Rossi y Nimmons, 1993), tomando las observaciones de Milton Erickson acerca de los “buenos o malos momentos para inducir un trance”. En su aprendizaje de la labor clínica de Erickson, Rossi extrajo algunas consecuencias en cuanto a la importancia de la duración de las sesiones y el momento del día apropiado para desarrollar el proceso hipnótico. El mismo Erickson hablaba del fenómeno del “trance cotidiano” que se produce de forma espontánea en varios momentos a lo largo del día. Lo que puede ser una observación intuitiva se demostró con estudios experimentales a partir de los años 70 (Broughton, 1975; Rasmussen, 1986).

 

La cronobiología ha establecido la relevancia de diferentes ritmos. El ritmo circadiano, que se produce en torno a un ciclo de 24 horas; el infradiano, que tiene una periodicidad que se extiende más allá de 24 horas; o el ultradiano, con oscilaciones de menor duración que 24 horas. Estos  ritmos ultradianos serían la fundamentación psicobiológica del Trance Cotidiano. Rossi (1982) descubre una vinculación  a  partir de las similitudes de los signos del trance cotidiano y el  “ciclo regenerador ultradiano”.

 

Todos podemos experimentar esas oscilaciones cíclicas. Durante 90-120 minutos nos sentimos propensos a la actividad y posteriormente tendemos al descanso. Podemos hacernos conscientes de momentos en los que estamos más propensos a meditar, descansar o entrar en hipnosis. Los ritmos ultradianos, en el llamado “Ciclo Básico de Actividad-Descanso” (BRAC) influyen en nuestra conducta en gran medida con correlatos fisiológicos verificables.

 

Las investigaciones acumuladas durante la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI nos indican que los principales sistemas de autorregulación del cuerpo (sistema nervioso autónomo, sistema endocrino, sistema inmunológico…) se basan en ciclos básicos de actividad y descanso. Las moléculas mensajeras son fundamentales para entender esos procesos.

 

Cuando estamos fuera de la armonía cuerpo-mente, que parece pautada aunque con cierta flexibilidad, se producen anomalías que consideramos dentro del ámbito del estrés. Según Rossi, habría cuatro etapas de estrés ultradiano (Rossi y Nimmons, 1993):

 

Etapa 1. Señales de hacer una pausa.

Rossi explica que después de 90-120 minutos de actividad se experimentan las señales que nos indican que deberíamos  tomar un descanso  de unos veinte minutos, o al menos un cambio  de  ritmo.  Las señales a las que debemos estar atentos son las siguientes:

  • Sentir  la  necesidad  de  estirarse, dar una vuelta o hacer una pausa.
  • Bostezar o suspirar.
  • Encontrarse  indeciso  o  creando dilaciones, incapaz de continuar trabajando.
  • Sentir tensión, rigidez o fatiga.
  • Sensaciones de hambre.
  • Activación urinaria.
  • Disminución de la concentración.
  • Vulnerabilidad  emocional o tendencia a deprimirse.
  • Distraerse  con  fantasías,  tal  vez sexuales.
  • Problemas leves de memoria.
  • Pequeños errores  de pronunciación, escritura  o cálculo.
  • Disminución del rendimiento y de los resultados.

 

Etapa 2. Respuesta adrenalínica al estrés.

En esta segunda etapa puede producirse un efecto pasajero de bienestar, el denominado “segundo aliento”. Podemos sentirnos como si estuviéramos disfrutando de más energía vital de la que en realidad disponemos en ese momento. Es frecuente la hiperactividad acompañada de tensión, hostilidad, resentimiento y tendencia a la desconfianza. En este estadio es probable que algunas personas abusen de sustancias como el café, el tabaco, el alcohol  u otras drogas. El  sujeto  no  suele  ser  consciente de que su estrés es más grave que en la etapa anterior.

 

Etapa 3. Disminución del rendimiento.

Se considera que en este momento se están agotando las liberaciones de adrenalina y que el cuerpo necesita descansar de manera urgente. Como consecuencia de este desequilibrio que afecta al sistema de restauración, las moléculas mensajeras que se encargan de funciones cognitivas están agotadas y empiezan a aumentar los errores en nuestro funcionamiento  habitual. Los signos que podemos observar son:

  • Tendencia  a los accidentes, torpeza, tropiezos.
  • Errores de juicio y decisiones equivocadas que normalmente no se hubieran producido.
  • Errores repetidos en  el habla, la escritura y el cálculo.
  • Importantes problemas de memoria  incluyendo olvidar lo  que íbamos  a decir o  lo que estábamos buscando.
  • Errores en el habla con fallos de pronunciación y uso de palabras inadecuadas.
  • No caer en la cuenta de importantes implicaciones en los negocios y falta de sutileza ante juegos de palabras o bromas.
  • Arrebatos de impaciencia e irritación, altercados en  la relación  con  los  demás  y conducta inapropiada.

 

Etapa 4. Disfunciones somáticas.

En  esta  cuarta  etapa  en  la  que Rossi  habla  de  “el  cuerpo rebelde”, el descanso y la recuperación han sido sistemáticamente ignorados y se produce un deterioro que sería la base de la enfermedad psicosomática.  En  esta  cuarta etapa del Síndrome de Estrés Ultradiano existe ya un agotamiento de las reservas que puede conducir a situaciones a veces irreversibles. El cuerpo ha perdido la coordinación de sus diferentes programas de mantenimiento de modo que incluso el sistema  inmunológico se ve afectado. Según Rossi, en este nivel de vulnerabilidad psicobiológica habría cuatro áreas de problemas principales:

  • Problemas de sueño.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Problemas cardiacos.
  • Reducción en la duración de la vida.

 

No cabe  duda de que el impacto del estrés sobre nuestro cuerpo está muy bien documentado  y de que la psicología ha ampliado sus fronteras en los últimos años para ocuparse de trastornos que antes pertenecían exclusivamente a ámbito de la medicina, y la colaboración entre médicos y psicólogos clínicos ha ido haciéndose cada vez más productiva.

 

El síndrome de colon irritable (SCI) (en los últimos años se ha recomendado la etiqueta síndrome de intestino irritable) afecta a un porcentaje bastante elevado de pacientes que recurren a los servicios médicos de los especialistas en el aparato digestivo; las estadísticas nos hablan de hasta un 50% de consultas  relacionadas con esta  patología.  El trastorno    afectaal funcionamiento de la musculatura del tracto digestivo y presenta una serie  de  síntomas  característicos:  dolor, hinchazón, estreñimiento, diarreas, náuseas e indigestión. La ansiedad y la depresión suelen estar asociadas a este padecimiento.

 

Los síntomas suelen agruparse dando lugar a tres tipologías:

  1. Pacientes con espasticismo, dolor, flatulencias y cambios en los hábitos intestinales.
  2. Los pacientes presentan una tendencia  diarreica más o menos crónica que se intensifica con momentos de mayor estrés.
  3. Los síntomas predominantes son dispepsia, dolor en el epigastrio y flatulencias.

 

En general, los gastroenterólogos otorgan una importancia fundamental a los factores psicológicos en el desarrollo del SCI, y por ello cada  vez  es  más  frecuente  que  los médicos deriven pacientes con esta patología a los psicólogos clínicos o a los psiquiatras.

 

Tanaka et al. (2011) postulan un enfoque biopsicosocial  para entender esta patología con tres factores fundamentales:

  1. Experiencias vitales tempranas.
  2. Factores psicológicos asociados al estrés, presentación de los síntomas y mecanismos de afrontamiento.
  3. Fisiopatología digestiva, resaltando los trastornos de motilidad gástrica, la hipersensibilidad visceral y la relación entre el cerebro y el intestino.

 

No obstante,  hay que tener  en  cuenta  que no existe un consenso acerca de cuál sería el tratamiento óptimo  para el  SCI. Según  una revisión  de  tipo  Cochrane (Zijdenbos et  al., 2009) las intervenciones psicológicas  pueden considerarse ligeramente más eficaces que los tratamientos habituales o los grupos de control recién finalizado el tratamiento, aunque la significación clínica está sometida a debate. Son cuestionables los resultados a largo plazo, aunque los autores reconocen las limitaciones de su meta- análisis. Los estudios revisados se referían a terapia cognitivo  conductual  y psicoterapia  interpersonal. En contraste con estas conclusiones, hay una serie de estudios que aunque no satisfagan los criterios tan exigentes de la metodología Cochrane ofrecen datos muy significativos apoyando la eficacia de las intervenciones psicológicas sobre el SCI. Una parte de estos trabajos se ha apoyado en la hipnosis como tratamiento principal.

 

Whorwell, Prior y Faragher (1984) son autores de un estudio clásico en el que treinta pacientes refractarios a otros tratamientos fueron asignados aleatoriamente a dos grupos igualmente numerosos, recibiendo en un caso hipnoterapia y en otro psicoterapia más placebos orales. Los resultados indicaban que los pacientes tratados con hipnosis experimentaban una mejoría superior a la del grupo de comparación sin relapsos durante el seguimiento posterior de tres meses. A partir de aquí ha habido numerosos estudios  que  han  favorecido  la relevancia que se ha otorgado a la hipnosis como procedimiento adecuado para el tratamiento del SCI. Un  factor  importante  parece  ser la reducción  del dolor intestinal. En el estudio de Prior, Colgan y Whorwell (1990) se verifica que bajo hipnosis los pacientes disminuyen la sensibilidad rectal ante la introducción  de un balón intragástrico.  El estudio de Houghton et al. (1999) confirma esta reducción de la sensibilidad dolorosa en las pruebas con balón intragástrico, observándose también una disminución de la severidad y frecuencia de los dolores abdominales, hinchazón y anomalías en los hábitos intestinales.

 

También resulta interesante el estudio de los mecanismos fisiológicos y psicológicos que intervienen  en  el  proceso  hipnótico  cuando  se mejora la irritabilidad intestinal. En este sentido, el estudio de Palsson et al. (2002) concluye que la hipnosis mejora la sintomatología del SCI al disminuir el malestar psicológico y la somatización. No se encuentran mejorías asociadas a cambios en parámetros   fisiológicos   como   umbral   de   dolor rectal o activación del sistema nervioso autónomo.

 

Gonsalkorale et al. (2003) encuentran además que los resultados positivos de la terapia con hipnosis pueden extenderse hasta cinco años en un gran porcentaje de pacientes. Vlieger et al. (2007) comprueban la eficacia de la hipnoterapia en niños con edades comprendidas entre ocho y dieciocho años,  con SCI o dolor abdominal  funcional.  Por otro lado, Shinozaki et al. (2010) verifican en un estudio aleatorizado que el Entrenamiento Autógeno, que podemos considerar una forma de autohipnosis, mejora la sintomatología del SCI.

 

Por todo ello, la hipnosis aparece como un procedimiento que es razonable utilizar en la clínica. En nuestra experiencia, sin entrar en estadísticas complejas, nuestra observación coincide con los datos anteriores, a pesar de que a veces hemos empleado sugestiones directas dentro de un protocolo que podríamos considerar similar al de algunos de estos trabajos y en otros casos el elemento fundamental de la terapia ha sido la autohipnosis basada en ritmos ultradianos con las instrucciones que  Rossi proporciona (Rossi y Cheek, 1988, Rossi y Nimmons 1993).

 

El enfoque de Rossi realmente no se basa en la sugestión,  sino  en  un  proceso  basado en el trabajo inconsciente a partir de unas premisas mínimas. Se puede decir que en la autohipnosis se  crea  un  clima que  favorece nuevas asociaciones a nivel no consciente, tal como Erickson postulaba. Como Rossi ha señalado en diferentes escritos, es fundamental confiar en las posibilidades que van más allá del razonamiento o el análisis de la mente consciente, sabiendo que en nuestro interior existen multitud de recursos que  nos  resultan inabarcables desde la perspectiva limitada con la que observamos nuestros propios procesos psicobiológicos.

 

Las “preguntas de acceso” son una característica central para entender cómo podría explicarse un modo de trabajo mente-cuerpo que se apoya en las  fases  ultradianas. Una  pregunta de acceso busca abrir un proceso de respuesta que casi nunca se entenderá como verbal, sino como un cambio reorganizativo que ocurre a partir de dicha pregunta que nos hacemos a nosotros mismos.

 

Rossi afirma que “los sistemas de comunicación entre la mente y el cuerpo (la dinámica de los receptores de las moléculas  mensajeras  del Sistema Nervioso Central, el Sistema Nervioso Autónomo, los neuropéptidos y los sistemas de inmunidad de la red psicosomática) están coordinados por y para el ciclo de síntesis de la expresión proteica de los genes adaptativos a nivel celular. Muchos de esos sistemas interrelacionados de comunicación mente-cuerpo y sanación se manifiestan en la conducta observable del ciclo básico actividad-descanso (BRAC) que puede ser entrenado y utilizado en las  aplicaciones clínicas de  la hipnosis”. Ésta constituye una de sus hipótesis “visionarias”. También en relación con  lo anterior, añade, “El estrés psicobiológico engendrado por la desincronización crónica de los ritmos ultradianos y circadianos, como el ciclo básico de la actividad y descanso (BRAC), a causa de cargas excesivas o traumáticas, constituye una etiología fundamental para los problemas psicosomáticos que puede mejorarse mediante la aplicación terapéutica de la hipnosis” (Rossi, 2004).

 

Hay que resaltar que Rossi considera que la hipnosis tiene un efecto sobre la neurogénesis, buscando los mecanismos que acompañan el pensamiento pero que tienen una base genómica y molecular. En sus investigaciones, se infiere que la hipnosis produce cambios significativos en los genes que conducen al crecimiento de células madre, con una reducción de la inflamación y el dolor, y una disminución  del  estrés  oxidativo,  lo que constituye una parte importante de los procesos de curación (Rossi y Jensen, 2010).

 

Se puede decir que la teoría de Rossi ha ido evolucionando desde las observaciones clínicas de su mentor Erickson hasta una interacción sinérgica de los avances en la psicología, la genética, la biología molecular o incluso la física teórica, sin olvidar  la  influencia  del  Dr. Cheek con sus métodos de hipnosis ideodinámica.

 

 

PROCEDIMIENTO:

Paso  a  describir  mi  adaptación  particular  de  la técnica de Rossi, con un fraseo que no pretende ser una  traducción  directa.  Aunque  Rossi  no  plantea este procedimiento de tres pasos en relación con el tratamiento del Síndrome de Colon Irritable, mi experiencia  de todos  estos  años  me permite proponer la “autohipnosis ultradiana” como una posibilidad de manejo de los síntomas del SCI que proporciona resultados muy positivos. En todo caso, invito  a  otros  profesionales  a  que  hagan  por  sí mismos la prueba con sus pacientes.

 

Explicaciones previas al paciente:

Sin entrar en una terminología demasiado científica, se hace entender al consultante que estamos sujetos a ritmos biológicos a lo largo de todo el día y que nuestra actividad se somete a husos horarios concretos: periodos de rendimiento que duran entre 90  y  120  minutos,    y  periodos  de  invitación  al descanso por parte de nuestro organismo de unos 20 minutos.

 

Seguimos explicando que nuestro ritmo de vida nos ha llevado a perder la sintonía con nuestras propias señales, con las que nuestro organismo nos  envía  para  indicarnos  que debemos descansar o cambiar de actividad.

 

Se pide entonces al sujeto que durante siete días se familiarice con sus ciclos de actividad y descanso   y  las   señales   que   nos   indican   la respuesta regeneradora ultradiana, incluso puede elaborar  una  gráfica  que  indique  los  picos  y valles de actividad, que tendría un aspecto más o menos así:


ritmo_ultradiano

 

Después de esta observación, el paciente puede determinar con bastante precisión cuáles son los momentos  de  eficiencia  máxima  en  el aprendizaje y el trabajo, y cuándo debería hacer una pausa.

 

Una vez reconocido este patrón periódico, se instruye al paciente en la dinámica de utilizar la cronobiología en su beneficio, planificando en la medida de lo posible sus actividades en torno a estos ritmos ultradianos, las reuniones de trabajo, las actividades sociales o familiares e incluso la alimentación, prestando especial atención al llamado “punto de ruptura”, que suele producirse entre las 15 y las 16 horas. Como destacan Tsuji y Kobayashi (1988), este punto de ruptura ocurre cuando coinciden las fases bajas de los ritmos ultradiano  y  circadiano,  reforzándose mutuamente y que habitualmente nos lleva al sueño.

 

El siguiente paso es planificar periodos concretos de  autohipnosis  (lo  denominamos  así aunque Rossi habla más bien de respuesta regenerativa ultradiana, explicando que no es autohipnosis en el sentido de administrarse uno mismo sugestiones, sino de “escuchar a la naturaleza”. Esta idea es congruente con el concepto general de hipnosis naturalista, cuando se trata de crear un clima en el que el inconsciente haga nuevas asociaciones y no tanto en el sentido de programar una conducta o resultado concreto). Las instrucciones que se le dan al paciente constan de tres fases para  llevar a cabo el proceso autohipnótico ultradiano:

 

  • Fase 1: Ahora sientes esas señales que te indican que es el momento adecuado para entrar en un trance hipnótico por ti mismo.
  • Fase 2: Te preguntas: “¿Cómo puede ayudarme mi inconsciente ahora?” y permites que tu inconsciente responda a esa pregunta mediante un proceso interno, y añades, “cuando mi inconsciente haya terminado este trabajo interno me lo indicará con una señal”.
  • Fase 3: Ante la señal, saldrás del trance reanudando tu actividad normal y sintiéndote muy bien (el periodo de tiempo que va de la fase 2 a la 3 puede  durar  desde  unos  segundos  a  unos veinticinco  minutos  según  nuestra  propia observación clínica).

 

El procedimiento es simple, aunque la señal empleada puede variar. Puede ser un movimiento automático de un dedo, la apertura involuntaria de los ojos, determinadas respuestas sensoriales, etc. Dicha señal habrá sido convenida previamente con el paciente.

 

Así  pues,  tenemos  una  combinación   de planificación  del  tiempo  según  los  ritmos ultradianos y periodos de autohipnosis coincidiendo con esos momentos  regeneradores.  Estos  dos recursos pueden emplearse dentro de un paquete terapéutico de amplio espectro o como intervención única. Como es esperable, el programa más amplio suele dar mejores resultados. Después el paciente se autoadministra las instrucciones, sabiendo que el tiempo que dedicará a la autohipnosis podría ser variable, ya que es imprevisible saber exactamente cuándo va a producirse la señal. Parece necesario asegurarnos un mínimo de periodos diarios de autohipnosis ultradiana, aunque es difícil establecer con precisión ese mínimo. La mayoría de los pacientes tiene dificultades para encontrar más de dos periodos en su jornada que puedan dedicar a esta práctica. Conviene advertir al paciente que los resultados favorables rara vez son inmediatos y que habitualmente  es  más  fácil  prevenir  los  síntomas que modificarlos cuando están instalados con cierta intensidad. Es casi imprescindible elaborar un registro en base a la intensidad subjetiva de los síntomas con una medida “pre” y varias medidas “post”. Un ejemplo podría ser el siguiente:

 

 

 

SÍNTOMAS

 

MEDIA PRE

 

MEDIA POST

Dolor
Abdominal

7

4

Gases

8

4

Mareos

5

2

Fatiga

6

3

Diarreas

6

3

Estreñimiento

6

4

Acidez

4

4

Náuseas

6

4

Pérdida de apetito

7

4

Migrañas

5

3

Micción dificultosa

3

3

Regurgitación

5

4

 

 

Los datos reflejados en el ejemplo anterior serían una media aproximada de las respuestas  que se observan en los pacientes después de dos meses de aplicación de la autohipnosis. No obstante, no contamos con un seguimiento adecuado, aunque esperamos poder desarrollar un estudio formal en el futuro y presentar conclusiones al respecto.

 

Conclusiones:

Aunque la experiencia personal expuesta debería ser  objeto  de  un  estudio  estructurado, la casuística nos sugiere que el punto de partida de Rossi y del mismo Erickson puede resultar muy válido en este trastorno concreto y en otras alteraciones donde el exceso de actividad del Sistema Nervioso Autónomo puede ser un componente fundamental. El mismo Rossi ha señalado en sus obras múltiples proyectos de investigación que podrían llegar a realizarse, pero el tema es tan amplio que solo una pequeña parte de sus  propuestas ha sido objetodeestudios controlados. Esperamos que las observaciones que hemos resumido en este artículo puedan ser refrendadas (o refutadas) con una metodología experimental adecuada.

 

 

 

Referencias bibliográficas:

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Isidro Pérez Hidalgo (2011) Autohipnosis Ultradiana. Hipnológica, 4:32-38

 

 

Última actualización el Jueves, 12 de Enero de 2012 23:43
 

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